Transformaciones
(texto para catálogo)
Exposición Galería Juana Mordó

 

Nada se movía, pero todo seguía hacia adelante. La estática y el movimiento, y esa continuación perenne de las cosas que a su vez se transforman para volver a empezar una vez más. La instantánea: ese momento único de suspensión absoluta, ese querer detener el tiempo en nuestras manos, de apretarlo fuerte para sentirnos un poco más eternos. Todo se desarrollaba en el silencio, como si el transcurrir lento sólo pudiera ocurrir de esta forma. Todo, o casi todo, se sucedía esperando el momento último de permanencia donde los colores se borran y ya no existen, donde las cosas se miran ensimismadas no reconociéndose porque ya es demasiado tarde y han vuelto a ser otra vez. La mirada propia. Los ojos que contemplan los adentros, que miran la mirada. Los ojos que evocan la memoria de lo que antes era y todavía es. El conocimiento de lo que existió siempre y nunca fue del todo conocido. La pasión de ser uno mil veces multiplicado por la memoria del tiempo. La repetición abusiva de nuestros cuerpos por siempre querer ser. La necesidad de ver por primera vez

 

Marga Clark
Abril, 1988